Limpiar las sardinas, quitándo la cabeza, destripándolas y quitándoles las escamas.
Colocar las sardinas en una cazuela de barro, a capas, intercalando los ajos y el laurel y sazonándolas con sal y pimienta.
Verter el aceite por encima dejando que cale bien; echar el vinagre -que ha de cubrirlas-, tapar y cocer a fuego lento durante 30 minutos.
Dejar enfriar antes de comerlas.
Están mejor si se dejan reposar 24-48 horas.