Lavaremos los calabacines y con una cuchara de vaciar de medida pequeña, haremos pequeñas bolitas. Las reservaremos para escaldarlas al punto. Los calabacines que nos habrá quedado como si fuera un queso de gruyere, los utilzaremos para elaborar la sopa, cortándolos en rodajas finitas.
En una olla con un chorro de aceite, pondremos a freir a fuego suave, el ajo y el perejil picados. Solo deben quedar cocidos, para dar aroma a la sopa, solamente 1 minuto.
Añadiremos a la olla el calabacín que hemos cortado a rodajas finas, lo salpimentaremos y lo dejaremos freir durante 2 minutos. Cuando el color verde del calabacín suba de color, añadiremos a la olla 1 l. de agua mineral. Lo saleremos y lo dejaremos cocer durante 6 minutos. Retiraremos la olla del fuego, añadiremos 2 cucharadas de aceite de oliva en crudo, lo trituraremos, lo colaremos y reservaremos.
Escaldaremos las bolitas de calabacín en agua hirviendo en un cazo, con sal, durante 1 minuto, los escurriremos y los enfriaremos con agua y hielo, reservándolas.
Para cocer los huevos escaldados, pondremos en una cazuela bien ancha, con 2,5 l. de agua, 3 cucharadas soperas de vinagre y 1 cucharada de sal. Cuando arranque a hervir el agua, bajaremos el fuego al mínimo. Los huevos los pondremos de uno en uno en una tacita, para controlar la calidad y también para faciltarnos la acción de ponerlos a cocer. La cocción que debe ser muy lenta, durará 3 minutos. Pasado este tiempo, retiraremos los huevos del agua hirviendo y los pasaremos a un recipiente con agua fría, para parar la cocción y para poder cortar las barbas de clara que habrá alrededor de cada huevo y dejarlos así, mas vistosos.
Presentaremos en la mesa, unos platos hondos calientes, con una rodaja de butifarra negra sin piel, en el medio, encima colocaremos el huevo escaldado y las bolitas de calabacín.
Presentaremos a la mesa la sopa caliente dentro de una jarra de cristal y la serviremos cubriendo todo el alrededor de la butifarra y el huevo.