Limpiaremos bien los mejillones. Los lavaremos bajo el grifo y los poindremos en una cacerola, a fuego vivo, para que se abran.
Escurriremos los mejillones, poniéndolos de nuevo en la cacerola, cubriéndolos con el Vino blanco. Añadiremos la hoja de laurel y el zumo de limón, dejándolo cocer, de manera que se vaya evaporando el vino.
Pelaremos el ajo y lo picaremos fino.
Colocaremos los mejillones sobre una hoja de papel para horno, condimentándolos con un poco de sal y rociándolos con un poco de vino.
Escaldaremos los tomates, en agua hirviendo, durante 21 minuto. Los escurriremos, pelaremos y los cortaremos en trocitos, eliminándoles las semillas. Los colocaremos en un bol, alñándolas con aceite de oliva y el ajo picado, mezclándolo bien.
Verteremos la mezcla sobre los mejillones, sazonándolos con pimienta negra recién molida. Cerraremos el papillote y los introduciremos en el horno precalentado a 200º C. durante 10 minutos.
Servirlos de inmediato.