Aceitunas aliñadas
Mousse de limón
Cocadas
Gambas marinadas
Albóndigas de merluza
Ver sus recetas » Con los dedos, separe la piel del pollo de las pechugas y de los muslos. Sujete el ave del cuello, zarandee la espoleta hasta que se suelte y córtela, intentando no pinchar la piel. De este modo le resultará más fácil trinchar el pollo.
Mezcle la mantequilla y el ajo majado en un bol pequeño. Introduzca parte de la mezcla bajo la piel de las pechugas y los muslos. Ensarte con un pincho el cuello del pollo para que quede sellado. Salpiméntelo.
Recorte la parte superior de las cabezas de ajos (si utiliza), hágales una incisión y úntelas con mantequilla derretida o aceite de oliva. Resérvelas.
Precaliente el horno a 220ºC. Si utiliza una rejilla de horno coloque el ave con las pechugas hacia abajo sobre una bandeja. Aselo durante 45 minutos y luego añada las cabezas de ajo. Reduzca el fuego a 190ºC y prosiga la cocción durante 30 minutos más.
Para comprobar si el pollo está hecho, pinche un muslo por la parte más gruesa con una brocheta. Si el jugo que sale es transparente y dorado el pollo está listo. Si el pollo tiene algún matiz rosado, ase el pollo un poco más.
Pase el pollo con las pechugas boca arriba, a una fuente de servir y añada el ajo entero (si utiliza). Introduzca la fuente en el horno, apáguelo y deje la puerta entreabierta. Coloque la rejilla de asar sobre el fuego vivo y vierta el vino. Raspe los restos que hayan quedado pegados al fondo y déjelos al fuego hasta que adquieran una consistencia de jarabe. Sirva el jugo con el pollo y los ajos asados, ahora dulces, tiernos y pelados.