Lo prepararemos el día anterior, cortando el chocolate en trozos y fundiéndolo con la mantequilla en un cazo, al baño María.
Mientras, batiremos las yemas de huevo con el azúcar hasta que la mezcla blanquee. Añadiremos el chocolate fundido, mezclándolo con delicadeza.
Batiremos la nata y justo antes de empiece a montarse, la incorporaremos al chocolate, siempre con delicadeza.
Cubriremos el interior de un molde alargado con papel film, y lo rellenaremos con la mezcla anterior, dejándolo en la nevera, durante 8 horas como mínimo.
Al día siguiente deshojaremos las hojas de menta, reservando alguna para decorar.
Abriremos el melón en dos, retirándole las pepitas y las piel. Trocearemos la pulpa, triturándola con las hojas de menta, dejándola enfriar en la nevera, durante 20 minutos.
Desmoldearemos el pastel sobre una bandeja de servicio y lo espolvorearemos con chocolate en polvo y lo decoraremos con bolitas de chocolate y la hoja de menta reservada, sirviéndola con el coulis de melón aparte.